martes

ORIGEN DE LA VIDA


Los organismos dominantes de la vida en el Arcaico temprano fueron bacterias y arqueas, que coexistieron formando alfombras microbianas y estromatolitos, y muchos de los pasos más importantes en la evolución temprana, se cree que han tenido lugar dentro de ellos.La historia de la vida en la Tierra pretende narrar los procesos por los cuales los organismos vivos han evolucionado, desde el origen de la vida en la Tierra, hace entre 3800 millones de años y 3500 millones de años, hasta la gran diversidad y complejidad biológica presente en las diferentes formas de los organismos.

Darwin defiende el transformismo y la ascendencia común de todos los organismos vivos, asume que, en última instancia, el primer organismo original debió surgir a partir de la materia inorgánica.La vida pudo haberse desarrollado en diferentes ambientes primitivos. El estudio llevado a cabo por Maher y Stephenson28 muestra que si los sistemas hidrotermales marinos profundos propician un lugar aceptable para el origen de la vida y la abiogénesis pudo haber sucedido entre hace 4.000 y 4.200 millones de años, mientras que si hubiera sucedido en la superficie de la Tierra la abiogénesis sólo podría haber ocurrido hace 3.700 o 4.000 millones de años.

La razón biológica por la que todos los organismos vivos en la Tierra deben compartir el único último antepasado común universal, es porque sería prácticamente imposible que dos o más linajes separados pudieran haber desarrollado de manera independiente los muchos complejos mecanismos bioquímicos comunes a todos los organismos vivos. Ahora, y gracias a un estudio recién publicado por un equipo de investigadores alemanes en «Nature Microbiology», estamos más cerca que nunca de tener un «retrato genético» de LUCA. Según el estudio, nuestro primer antepasado fue un microorganismo muy simple y que probablemente vivió hace unos 4.000 millones de años junto a una chimenea hidrotermal en el fondo de los primitivos océanos terrestres.

domingo

TSUNAMI


Un tsunami es una serie de olas procedentes del océano que envía grandes oleadas de agua que, en ocasiones, alcanzan alturas de 30,5 metros, hacia el interior. Estos muros de agua pueden causar una destrucción generalizada cuando golpean la costa. Estas sobrecogedoras olas son causadas normalmente por grandes terremotos submarinos en los bordes de la placa tectónica. Cuando el suelo del océano en un borde de la placa se eleva o desciende de repente, desplaza el agua que hay sobre él y la lanza en forma de olas ondulantes que se convertirán en un tsunami. 

La mayoría de los tsunamis, aproximadamente un 80%, se producen en el Océano Pacífico, en el Cinturón de Fuego, un área geológicamente activa donde los movimientos tectónicos hacen que los volcanes y terremotos sean habituales. Los tsunamis también pueden estar causados por deslizamientos de tierra subterráneos o erupciones volcánicas. Incluso pueden ser lanzados, como ocurrió con frecuencia en la Tierra en la antigüedad, por el impacto de un gran meteorito que se sumergió en un océano. Los tsunamis recorren el mar a unos 805 kilómetros por hora, tan rápido como un avión a propulsión. A ese ritmo pueden cruzar la extensión del Océano Pacífico en menos de un día. Y sus grandes longitudes de onda implican que pierden muy poca energía por el camino. En un océano profundo, las olas de los tsunamis pueden parecer de solo unos centímetros. Sin embargo, conforme se aproximan a la costa y entran en aguas menos profundas, se ralentizan y comienzan a crecer en energía y altura. Las partes altas de las olas se mueven más rápido que sus bases lo que causa que se eleven precipitadamente. Normalmente la parte baja, la que se encuentra bajo la cresta de la ola, llega a la costa primero. Cuando esto sucede, se produce un vacío que succiona el agua hacia el mar y deja expuestos el puerto y el suelo. Esta retracción del agua es una señal de alerta importante de un tsunami porque la cresta de la ola y su enorme volumen de agua normalmente golpean la costa unos cinco minutos después. Reconocer este fenómeno puede salvar vidas. 

Los tsunamis habitualmente se componen de una serie de olas, llamadas tren de olas, por lo que su fuerza destructiva puede estar compuesta de olas sucesivas que alcanzan la costa. La gente que experimenta un tsunami a menudo recuerda que el peligro puede no haber pasado con la primera ola y que se debería esperar a que se anuncie oficialmente que es seguro volver a las zonas vulnerables. Algunos tsunamis no aparecen en la costa como olas rompedoras masivas sino que parecen una ola que emerge rápidamente e inunda las áreas de la costa. La mejor defensa contra un tsunami es la alerta temprana que permite a la gente buscar un terreno más elevado. El Sistema de Alerta de Tsunamis en el Pacífico, una coalición de 26 naciones con sede en Hawai, mantiene un equipo sísmico web y medidores del nivel del agua para identificar tsunamis en el mar. Se han propuesto sistemas similares para proteger las áreas costeras en todo el mundo.


miércoles

DIOS Y GÖDEL



Ha vuelto a ser noticia la demostración ontológica del matemático Kurt Gödel (1906–1978) de la existencia de Dios. Se trata de un simple ejercicio de lógica modal que Gödel realizó en 1941 sin mayor interés desde el punto de vista teológico. Su idea era corregir el gran problema de la demostración de San Anselmo. Aunque Gödel era creyente, no era practicante, por lo que nunca habló de la demostración hasta febrero de 1970, cuando pensaba que se acercaba la hora de su muerte. Le enseñó la demostración a su alumno Dana Scott, filósofo y matemático, quien hizo una copia para poderla publicar, pero Gödel no se lo permitió. Tras su muerte, Scott publicó dos versiones de la demostración en 1987 (de hecho, Gödel atesoraba varias).

Desde entonces se han publicado muchas otras versiones que refinan los detalles de la demostración. ¿Se trata de una demostración “correcta” de la existencia de Dios? Obviamente se trata de una demostración matemática correcta en la lógica modal S5, pero cada persona tiene una idea diferente de lo que es Dios. En esta demostración no hay contenido teológico. Quizás algunos filósofos puedan quedar satisfechos, pero en general poca gente lo estará. Incluso si el argumento es correcto en todos sus aspectos, como no se especifica qué es una “atribución pura” para una propiedad positiva, bien se podría haber demostrado que alguna ecuación matemática que rige el universo es lo semejante-a-Dios que necesariamente existe.

sábado

TIERRA SIN LUNA

Si desapareciera la luna el efecto más inmediato sería la desaparición de las mareas. En las mareas de la Tierra influyen el Sol y la Luna, pero la fuerza dominante es de la Luna. Si desapareciese la Luna, las mareas serían solo un oleaje suave. La desaparición de las mareas tendría un importante efecto perjudicial en los ecosistemas costeros. Los manglares, por ejemplo, dependen de los movimientos regulares de la marea para recibir nutrientes y cosas similares. Cambiarían también las pautas de las corrientes oceánicas, lo que provocaría un importante cambio climático.

Al no haber Luna desaparecería su atracción sobre la Tierra, con lo que se desequilibraría la órbita de la Tierra. Esto haría que la Tierra se desviase de su órbita actual en una dirección que dependería de su posición y la de la Luna en ese momento. El resultado probable sería una órbita más elíptica y mayores diferencias de temperatura y gigantescos cambios climáticos que harían nuestro planeta inhabitable. En estos momentos el eje de la nave Tierra señala directamente hacia arriba y así cada uno de los puntos del globo reciben una cantidad constante de calor a lo largo del año, pero si se tambalease la Tierra podría ocurrir que su eje se pusiese paralelo al plano de la eclíptica, entonces los terrícolas se pasarían seis meses del año sudando bajo el ardor interminable del Sol, para después dar la vuelta y tiritar durante los seis meses siguientes, ocultos en la frígida superficie del lado oscuro de la Tierra.

Sin Luna, desaparecería una importante fuente de luz durante la noche. Esto afectaría a la conducta de todos los animales nocturnos y a la sincronización del comportamiento asociado con el período lunar. A los búhos les resultaría más difícil cazar y a los insectos encontrar pareja, porque levantan el vuelo hacia la Luna.


viernes

GRACIAS A ELLA


Lo más simple sería suponer que la Tierra y su Luna eran simplemente dos concentraciones de materia del disco protoplanetario alrededor del Sol, que estaban bastante juntos para orbitar entre sí. Pero los estudios hasta la fecha indican un escenario mucho más extraordinario. También extraordinaria es la sugerencia de Ward y Brownlee de que la presencia y la naturaleza de la Luna fueron esenciales para el desarrollo de la vida avanzada en la Tierra. La Luna tiene sólo alrededor de 1/80-ava parte de la masa de la Tierra, y parece pequeña cuando se ve a escala. Luego, cuando se agrega la perspectiva de ampliar sus distancias relativas (abajo), parece sorprendente que la Luna tuviera importantes consecuencias para el desarrollo de la vida en la Tierra. Esto está mas acentuado aún, si se tiene en cuenta lo pequeñas que son las dos comparadas con el Sol.

Pero, sorprendentemente, el papel de la Luna en la estabilización del eje de rotación de la Tierra pudo haber sido crucial para el desarrollo de la vida. El ángulo de inclinación orbital de la Tierra, u "oblicuidad" con respecto al plano de la eclíptica es 23,5° y la conservación del momento angular exige que se mantenga esa dirección en el espacio a menos que actúe sobre él un par desequilibrado. Si la Tierra fuera perfectamente esférico simétrica, entonces, las fuerzas gravitacionales externas no podrían ejercer un par sobre ella, porque la naturaleza de la atracción gravitatoria sería equivalente a la acción sobre una masa puntual en el centro de la Tierra. Pero la Tierra es un esferoide achatado, con mayor diámetro en el ecuador y la distribución de la masa no es exactamente uniforme radialmente, por lo que son posibles los pares de fuerza. Las fuerzas gravitacionales también producen protuberancias de marea que distorsionan la simetría esférica. Sin embargo, si el ángulo de inclinación cambia, podría causar grandes cambios climáticos. La evaluación de Ward y Brownlee sobre la estabilidad del eje de rotación de la Tierra es la siguiente. "Este ángulo ha sido casi constante durante cientos de millones de años a causa de los efectos gravitacionales de la Luna. Sin la Luna, el ángulo de inclinación deambularía en respuesta a los tirones gravitacionales del Sol y de Júpiter.

El movimiento mensual de nuestra gran Luna, amortigua cualquier tendencia a cambiar el eje de inclinación. Si la Luna fuera más pequeña o estuviera más distante, o si Júpiter fuera más grande o estuviera mas cerca, o si la Tierra estuviera más cerca o más lejos del sol, la influencia estabilizadora de la Luna sería menos eficaz. Sin una gran Luna, el eje de rotación de la Tierra podría variar tanto como 90 grados. Marte, un planeta con la misma velocidad de giro e inclinación de eje, pero sin luna grande, se cree que ha mostrado cambios en la inclinación de su eje de 45 grados o más."

El análisis de los movimientos relativos y las influencias de cuatro cuerpos, tres de los cuales están en órbita y girando, no es para los débiles de corazón. Estos problemas no se pueden resolver analíticamente, sino que debe ser abordado por aproximaciones numéricas. Ward y Brownlee citan el trabajo de Laskar y sus colegas sobre los cálculos de un modelo, que evalúa la importancia de la Luna en la estabilización del ángulo de inclinación de la Tierra.