Todos aquellos que pretender usar, y abusar, de la Ciencia con fines claramente partidistas, en este caso en asuntos religiosos, que pretender probar la existencia de Dios a partir de la Teoría del Big Bang es, cuando menos, poco riguroso. El argumento que se emplea es que todo debe tener una causa, y que por consiguiente, debe existir una causa, o un “antes”, para la creación del Universo en el Big Bang. Ahora bien, cualquiera que pueda aceptar el concepto de una deidad a la que no se le puede asociar una causa, podría, y tal vez debería, aceptar la idea de que el Universo es, o puede ser, él mismo una causa sin causa.
Sorprende, asimismo, que aquellos que pretenden utilizar con propósitos deístas esta particular instancia de la Física en la que se utiliza el concepto de creación, no se esfuercen por hacer lo propio en otros apartados de esta Ciencia en los que también se recurre a creaciones (y aniquilaciones), como sucede en la Teoría Cuántica de Campos, en donde la creación y aniquilación de partículas es parte integrante de la Teoría.
Argumentos como éstos socavan la relevancia posible de Dios en la Ciencia. En ocasiones, sin embargo, se manejan otras razones para intentar dar la impresión de que la Ciencia favorece un cierto concepto de religiosidad. En este sentido, es frecuente que se citen las siguientes frases de Albert Einstein: “La experiencia más bella y profunda que pueda tener el hombre, es el sentido de lo misterioso, percibir que tras lo que podemos experimentar, se oculta algo inalcanzable a nuestros sentidos. Algo cuya belleza y sublimidad se alcanza sólo indirectamente y a modo de pálido reflejo, es religiosidad. En este sentido, yo soy religioso”.
El Homo Sapiens difiere de todos los demás tipos Homo en que posee una caja craneal alta y redondeada y además carece de curvatura ósea alguna sobre las cejas; su cara es vertical, sin mandíbulas prominentes, la barbilla está bien desarrollada y los dientes son más pequeños. Tiene un cerebro mayor que el Erectus y la pelvis configurada de distinto modo que el Neandertal.
Los restos más antiguos del Homo Sapiens se encontraron en Africa, en Etiopía, con una datación de 130.000 años de antigüedad. Richard Leakey encontró los restos de tres individuos: éste fue el comienzo de una serie de hallazgos africanos, entre los 100.000 y los 35.000 años de edad, todos de Homo Sapiens. En Europa, los primeros Homo Sapiens aparecieron hace 35.000 años: el hallazgo más joven es el de Kelsterbach, Alemania, 31.000 años. En 1868 se encontraron cinco esqueletos de Homo Sapiens de la Era Glacial en Cro-Magnon, Les Eyzies, por lo que todos los Homo Sapiens de la Era Glacial Europea han recibido el nombre de aquel lugar.
El origen del Homo Sapiens no se ha determinado de forma concluyente, aunque es casi seguro que nació en Africa, donde se conocen posibles precursores: el Homo Erectus avanzado del tipo de Rodesia. Debe tenerse en cuenta que se sabe poco de la secuencia de acontecimientos en Asia y en Europa, pero en ambos continentes también había tipos de Homo Erectus avanzados. Aunque existen diversidad de razas entre la población de nuestros días, todas ellas pertenecen a la misma especie, Homo Sapiens.
Stephen J.Gould afirmó: "Todos los humanos que ahora poblamos la Tierra somos hermanos". Podemos identificar tres razas principales: la mongoloide, la negroide y la caucasoide. Nadie ha sido capaz de demostrar que exista diferencia alguna entre las razas a nivel de características mentales. El último continente donde se asentaron seres humanos fue América, que llegaron a través del estrecho de Bernia, ya que durante las épocas glaciales era tierra seca, hace unos 15.000 años; hace 11.000 años ya habían alcanzado las zonas más meridionales de América del Sur. Al alcanzar estas zonas, los seres humanos habían completado la conquista de la tierra habitable; los que vivían en aquella ‚poca, hace unos 10.000 años, eran idénticos a nosotros.
¿HA TERMINADO LA EVOLUCION?
Admitida la existencia de un proceso evolutivo, que comienza en LUCA y termina en el hombre actual, la Evolución puede dividirse en dos grandes períodos: la Evolución Prebiológica, en la cual la materia inerte se transformó en materia orgánica y ésta se agrupó para formar estructuras más complejas, moléculas biológicas, y la Evolución Biológica, que se inició en los orgánulos, y que ha comprendido todo el desarrollo capaz de llegar a transformarlas en todos los seres vivos que pueblan el planeta.
La Evolución Prebiológica ha finalizado, ya que en la Tierra no se dan en la actualidad las características necesarias para que tenga lugar este tipo de evolución. Sin embargo, y según la opinión unánime de la comunidad científica, la Evolución Biológica continúa, modificando lenta pero progresivamente todas las especies, y no se ha detenido con la aparición del hombre. Sin embargo, quizá esta evolución no está teniendo en el hombre las mismas características, ya que a ella se ha unido lo que muchos científicos consideran una tercera fase del proceso evolutivo: la evolución cultural o psicosocial. Para esta etapa no rigen las normas de la Evolución Biológica: ya no es posible hablar de selección natural, de lucha por la vida, etc. En este proceso evolutivo hay que contar con los grupos sociales, el ejercicio del poder, el desarrollo tecnológico, el progreso económico, etc., que actúan como mecanismos que se superponen a los clásicos de la Evolución Biológica con tal fuerza que en ocasiones modifican los factores que rigen ésta.
El hombre , con su tecnología, perturba la marcha normal de la Evolución Biológica, rompiendo un equilibrio cuyas consecuencias son imprevisibles. En términos generales, es evidente que los avances científicos y tecnológicos han supuesto un avance gigantesco en el género humano, pero los peligros son también evidentes. Todos debemos ser conscientes de que la sintonía con la Naturaleza es fundamental, que no debe romperse jamás en aras de cualquier proyecto, ya sea de carácter científico, tecnológico, económico, político, militar o de cualquer otra índole.
El origen del hombre, referido al comienzo, origen o inicio de la especie humana, remite a perspectivas muy distintas. La visión científica sitúa la especie humana como una más en la evolución biológica de los organismos vivos de la Tierra. La visión mítica y religiosa concibe, en general, el origen del hombre como un acto de voluntad de uno o varios dioses.
A continuación, vamos a exponer brevemente las cuatro ideas generales de la evolución y las teorías del origen del hombre más extendidas y aceptadas en la actualidad.
El origen del hombre en la religión
La Teoría Creacionista o Creacionismo, fundamentada por la fe, cree que el hombre fue creado por uno o varios seres divinos (dioses). Así , por un lado encontramos las religiones politeístas (es decir, que creen en varios dioses), como la maya, azteca, los romanos o los griegos, etc. Por otra parte, existen las religiones monoteístas (es decir, creen en un solo dios), como pueden ser el judaísmo, el cristianismo y el islam.
¿Qué dice el cristianismo y el Islam?
Para el cristianismo, Dios creó al hombre modelándolo a partir de barro, e hizo a la mujer a partir de una costilla del hombre. Para la religión musulmana, el hombre fue creado de esperma, con vista y oído (El Corán, sura LXXVI).
Teoría de la Evolución (Darwinismo)
Charles Darwin logró reunir suficiente evidencia para demostrar que las especies cambian, e imaginó un posible proceso de modificación. Su teoría de la evolución de las especies se puede sintetizar en las siguientes ideas:
El mundo natural no es estático, sino que cambia.
Las especies de seres vivos evolucionan.
Las especies están compuestas de individuos que no son idénticos entre sí.
La población de cada especie desciende de un ancestro en común.
Las especies emparentadas descienden de ancestros comunes más cercanos en el tiempo.
Según Darwin, este proceso ocurre en forma ramificada y gradual por el mecanismo de aparición de variaciones heredables y la eliminación de organismos menos aptos o, lo que es igual, la supervivencia de los mejor adaptados, que dejan mas descendencia y, a la larga, alteran la especie y hasta pueden constituir una nueva.
Teoría de Lamarck
Se trata de una doctrina evolucionista expuesta por el francés Lamarck, en 1809, en su Obra Filosofía Zoológica. De acuerdo con esta teoría, la evolución de las especies vendría dada por la siguiente secuencia de hechos.
Los cambios ambientales originan nuevas necesidades.
Éstas determinan el uso o desuso de unos u otros órganos.
Tales órganos se desarrollan o se atrofian, respectivamente.
Los caracteres así adquiridos son hereditarios.
Esta teoría es también una teoría sobre el origen del hombre.
La teoría de Lamarck se suele condensar en la frase: “la función crea el órgano” y la herencia fija el cambio en los descendientes. En consecuencia, el origen del hombre sería el pensamiento de los monos.
Leyes de Mendel
Junto a las teorías de la evolución propiamente dichas, se encuentra la Teoría de Mendel sobre la herencia genética, cuyos elementos fundamentales son la combinatoria de los genes y su carácter dominante o recesivo.
Gregorio Mendel presentó sus trabajos en las reuniones de la Sociedad de Historia Natural de Brünn (Brno) el 8 de febrero y el 8 de marzo de 1865, y los publicó posteriormente como Experimentos sobre hibridación de plantas (Versuche über Plflanzenhybriden) en 1866 en las actas de la Sociedad.
Sus resultados fueron ignorados por completo, y tuvieron que transcurrir más de treinta años para que fueran reconocidos y entendidos.